Desde tiempos remotos han existido los contadores de historias. Su presencia en fiestas, reuniones y plazas públicas solía ser el centro de atención de vecinos y transeúntes...Desde Jesús de Nazareth hasta el Profeta Mahoma, la génesis de mundo se conoce a través de las historias y la capacidad de sus narradores de establecer un vínculo emocional lo suficientemente fuerte para fascinar a su audiencia. Artistas, científicos, historiadores, políticos han vivido para contar grandes historias y así conectar con lo racional y lo instintivo, con lo lógico y lo patológico.

El Storytelling es el arte de contar una historia; un relato capaz de apelar al lado emocional de las personas, generando así una relación de confianza y fidelidad: El Santo Grial de las marcas y medios de comunicación. Pero ¿qué hace del storytelling una herramienta tan efectiva para fidelizar? Podría ser la capacidad de una buena historia de conectar a la gente, de forma efectiva, con la información que necesita, o la dinámica de establecer una comunicación más directa y orgánica con la audiencia. Las emociones fuertes refuerzan la toma de decisiones y fomentan comportamientos a favor de una marca, de allí que sea la más potente herramienta de marketing.

En el periodismo, el contar historias es el hacer de todos los días. Nadie más vinculado al relato colectivo, que un periodista capaz de recoger los hechos y testimonios de una noticia para luego ser su intérprete ante la comunidad. Hoy en día, ante la multiplicación de fuentes masivas de información, el contar historias con profesionalismo y credibilidad es un valor diferenciador que logra construir confianza y autoridad. Esa misma confianza que facilita el camino para conocer a la audiencia y abrir su participación en el trabajo de conceptualizar las historias.

El poder de una buena historia

Las nuevas tecnologías han abierto al periodismo un amplísimo mundo de posibilidad para contar buenas historias. La narrativa transmedia configura un nuevo plano de experimentación multiformato, que permite a los periodistas, contadores de historias, tocar todos los sentidos de la audiencia; los relatos cobran vida más allá de las letras y la audiencia paga con su compromiso el precio de acceder a buenas historias.